Su gloriosa victoria

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Se mostraba nervioso y torpe. Esperé a que apagara la luz para poder hacer mi movida.
Se acostó a un lado mío y nuestros cuerpos instantaneamente comenzaron a acercarse, nuestra respiración se agitó y nuestros labios se unieron.
Mi mente comenzó a soñar y me veía a mi misma montada sobre el, besándolo infinitamente, su miembro tan grande y perfecto tan dentro de mí que me dolía… pero no fue así, sus actos de egoísmo fueron tan barbáricos como el holocausto nuclear.

Me agarró vulgarmente las nalgas y mientras masajeaba esos dos pedazos de carne entre sus manos, sus caderas no bailaban con las mías. Intenté besarlo nuevamente pero sus labios tan fríos, que solo podían soltar pequeños besos como el que le da una madre a su bebé me bajaron la temperatura de 100 a -3. Pensé no estaba suficientemente excitado así que bajé mi mano para darle placer, sobresaltándome al sentir su miembro completamente erecto. Lo tomé como si fuera mío, como si hubiéramos sido amantes desde el inicio de la eternidad. De arriba a abajo lo tomé, haciendo el viejo truco de ir todavía más abajo de lo que la piel permite con dos dedos.
Tres veces subí y bajé, por que las conté, cuando a la tercer bajada sentí como desde dentro el cuello de su pene palpitaba sin parar ese néctar que se espera solo al final del amor… No puede ser…

Su gloriosa victoria se mostraba sin pena encima de su camiseta y su risa incontrolable de placer me causó una furia e incomodidad inexplicable.

Se paró, se cambió de playera y regresó a la cama, intentando penosa y debilmente seguir el cortejo hasta que susurró que estaba muy cansado, casi quedándose dormido instantaneamente después de eso.

Honestamente, gracias pro aquella penosa noche, misma que me hizo entender que no vale la pena un intento de placer, por poner en riesgo una linda amistad.

Algo se quebró.

No te quiero ver más.

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ninfaaeerotica

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De amores efímeros…

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Todo comenzó al final de la noche…

Cuando las puertas de los bares se te cierran, uno solo puede recorrer a su dealer de confianza para seguir la noche. En este caso fue el dealer de Ana, mi mejor amiga.

Después de consumir gel cabs, cristo y café, mis labios se unieron con los de el intuitivamente. En un segundo mi cuerpo ya estaba sobre el suyo y en un sutil movimiento mis labios quedaron al borde de su oreja para susurrarle que nos fuéramos a su cuarto.

Mi querida Ana se quedó sola, alucinando en la sala mientras que Daniel y yo nos escabullíamos a su escondite favorito.
No recuerdo bien como nos quitamos la ropa, pero recuerdo que nuestros cuerpos se frotaban profundamente. Toda mi piel estaba sumergida en un éxtasis absoluto. No podía dejar de besarlo, y el tampoco a mi. Nos hundíamos cada quién en el cuerpo del otro, y de pronto me sentía como una medusa con tentáculos infinitos los cuales no podían dejar de enrredarse en el.

Los besos y las caricias parecieron durar lo mismo que la creación del universo. Absolutamente todo y a la vez nada…

Pasé con el dos noches enteras. Dos noches llenas de miradas furtivas, roces románticos, pláticas profundas, una caminata bajo la lluvia tomados de la mano, una promesa de volver a estar ahí…

Cuando por fin tuve el valor de romper la burbuja e irme a mi casa, me pidió no lo hiciera, me pidió me quedara mientras abrazaba mi cintura. Partí.
Me encaminó hacia el taxi fuera de su casa y me volvió a recordar con su boca entre la mía lo mucho que también había disfrutado de esa noche, de mi compañía, de la ausencia de miedos y soledad tan solo por aquella vez.

Me pidió mi número y jamás lo volví a ver.

Al pensar en el, me viene una sola frase a la mente que siempre me hace sonreír (excepto cuando me hace llorar);

Solo un romance efímero, puede durar bello para siempre.

Entre dos hombres

-¡Hola!; Dijo naturalmente al acercarse a la mesa en la que me encontraba con mis amigos.
-¡Hola!; Contestamos todos. Él se me quedo viendo con intriga en su mirada.
-Te me haces muy conocida.
Ambos comenzamos a pelotear lugares, fiestas, instantes en donde pudimos habernos conocido. De pronto vino a mi. Esa noche, como todas las noches que no quiero salir y termino haciéndolo, acabando siempre para mi suerte, con final feliz.
-¿Eres Alex, verdad?
-Sí.
-¿No vives por el rumbo de Santa Ana?
-Sí.
-¿En una casa dónde según vivo el ex-presidente?
-Siiiiiiiii….
Mi mejor amiga y yo nos volteamos a ver instantáneamente sabiendo que lo habíamos decifrado. Aquella noche lluviosa en la que tras bailar cachondamente hasta las 3 de la mañana nos fuimos a su casa para terminar revolcándonos hasta el amanecer. De esos encuentros en donde se notaba que ambos necesitábamos de ese desliz, sin siquiera compartir nuestros números o nombres completos.

Me reí y hasta sonrojé. En una ciudad con millones de habitantes fue a parar en mi mesa, invitado por uno de los amigos de mi amiga un efímero -one night stand-. Sin decifrar más pistas todos en la mesa se rieron y entendieron lo que había pasado. Intercambiamos una tímida mirada y seguimos con la noche.

Su amigo casi celoso me tomó al instante de la mano y me sacó a bailar. Bailaba de una manera indescriptible. Sus caderas y las mías parecían besarse. Girábamos al ritmo de la música mientras nuestros brazos instintivamente se entrelazaban y se volvían a abrir. La punta de su nariz rozaba la mía y la temperatura iba incrementando…

La noche avanzó y las cervezas aumentaron. Mi fugaz amante se acercaba a la pista y la fiesta nos llevó a estar los tres solos mientras nuestros amigos se iban yendo o quedando dormidos en el sillón del bar. Alex me tomó por enfrente de las caderas y me empujó hacia él. Mauricio casi siguiendo el movimiento, recostó su barbilla en mi espalda. Ambos se entre lazaban con mi cuerpo sin temor a tocarse entre ellos. Yo pasé un brazo por el cuello de uno y tomé el cabello del otro arqueando mi espalda y moviendo efusivamente mis caderas que se encontraban cautivas de ambos hombres. Dí la vuelta y ahora mis nalgas se las presté a Alex, quién no dudo ni un segundo en tocarlas y hacerlas suyas. Mauricio me besó. Fue un beso tierno, suave, casi imperceptible, como temeroso de que alguien nos fuera a ver. Sonreí. En eso mi cuerpo giró con la ayuda de de las manos de Alex y me entregó su boca. Fue un beso muy distinto, sin temor, directo y sin frenos y sentí nuevamente su caliente lengua dentro de mi. No pude evitar reír, me encontraba en un profundo éxtasis al estar con estos dos hombres, amigos, tan distintos, tan deseosos de tenerme…

Mantuvimos ese trio cachondo por un buen rato, sin cansarnos de besarnos, sin cansarnos de compartir amor nos mantuvimos juntos y amorosos hasta que llegó la hora de partir. Salí triunfante con un hombre en cada brazo, sonriendo, sintiendo que había ganado esa noche, tras muchas lunas de solo perder…

Mis bragas incómodas

IMAG0879A casi dos años de perdernos aún sigo escuchando tu voz, aún recurro a la montaña de nuestros recuerdos apilados en mi cabeza cuando tengo ganas de hacerte el amor.
Recuerdo tu rostro, tan cerca, tan caliente, tan enamorado mirándome fijamente a los ojos mientras me decías “te amo”  con tu miembro completo y erecto dentro de mí.

Recuerdo despertar a tu lado y besarte tiernamente, escalar tu cuerpo hasta perder mi vulva en tu entrepierna, tu sonrisa con aquel movimiento me llenaba de ternura, de amor.
Tus ojos siempre fijos con los míos me hacían sentir tan segura, tan feliz…

Cuando todos estos recuerdos vienen a mi mente y se clavan en mi ser, me hacen sentir como si estuviera ahí una vez más. Empiezo a sentir involuntariamente un cosquilleo entre mis piernas, no puedo evitar comenzar a tocarme. Mi respiración se eleva, cierro los ojos y ahí estas, amándome profundamente. Pongo mi brazo al rededor de mi cabeza y tomo mi cabello como tu lo hacías. Beso mi brazo como si fueran tus labios y entre más cierro los ojos más te puedo ver ahí, encima de mi, mirándome a los ojos, sonriéndome… Esa sonrisa tan única, tan inspiradora, tan cómoda, tan amorosa…

Llego al climax en dos minutos, no puedo contenerme. Nada ni nadie puede hacerme venir tan intensamente como tu, aunque solo estés en mi cabeza. Sonrío por un momento de placer y al terminar la curvatura de mi humilde sonrisa mis ojos se llenan de lagrimas y comienzo a llorar. No lloro de manera tranquila como usualmente pasa donde tus ojos se llenan de agua y simplemente brotan hacia tus mejillas, me encuentro llorando profundamente, sollozando, gimiendo de dolor, gimiendo de tristeza, de ausencia, de melancolía, de soledad… mientras mis bragas se sienten incómodas atoradas en mis tobillos.

Hace dos lunas enteras que no te tengo aquí, pero siempre tendré esos recuerdos para confortarme en cualquiera de mis noches frías.

Adiós!

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Tener tus suaves manos junto con las mías me excitaba. Tus labios tiernos y llenos de misterio me llenaban de pasión pero al final de la noche sentí ganas de que no fueras tu, de que no fuera yo. De que el mundo siguiera girando y yo me fuera junto con su inercia al instante.

No es la primera vez que me pasa, pero después de culminar el acto de amor no me interesa estar contigo, no quiero dormir junto a ti. Ni por un efimero falso amor, ni para jugar a que somos algo. No quiero tenerte mas que unos momentos en mi cama y luego, adiós… Adiós, adiós amor!

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-ninfaaeerotica

Fantasmas cerebrales

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Seguro les ha pasado, esas veces que están medio dormidos y se asustan al no saber por unos segundos donde se encuentran. Puede ser que se hayan mudado de departamento, que estén de viaje, que se hayan puesto una borrachera muy brava o bien se fueron a casa de -alguien- a pasar la noche por primera vez. Siempre he sido fan de ese sentimiento, de esos pequeños, pequeñísimos momentos efímeros en donde tu cerebro está tan confundido, tan desorientado que no sabe ni siquiera dónde se encuentra su propio cuerpo. Debo confesar que me ha pasado lo mismo con personas. Creo que en definitiva pasa por la promiscuidad de ciertas temporadas de mi vida. Recuerdo la primera vez que me paso, estaba dormida abrazando a mi entonces novio con el cuál tenía una relación abierta. Desperté mientras me besaba tiernamente los labios y sentí de pronto que no sabía con quién estaba. No era cuestión de que pasaran por mi mente la lista de nombres de los posibles candidatos a estar conmigo esa noche compartiendo mi cama, era un simple hueco en mi cerebro que no podía recordar absolutamente nada. Me excitó no saber con quién estaba pero me brindo más comfort el saber que era él.

De unos meses para acá me pasa algo parecido pero de cierta forma a la inversa. Entre sueños, pienso y me siento segura de que es él quién me abraza, solo para despertar y darme cuenta que no. Despierto aferrada a una almohada pensando que estoy con alguien, solo para darme cuenta de mi inmensa soledad. Paso mi mano de su ombligo hacia abajo, anhelando encontrarme con su miembro, encontrándome solamente con unos calientes labios…

El fenómeno del fantasma de su recuerdo. Lo conocemos, lo sabemos, lo vivimos. Solo me queda darle una sacudida a mi cerebro y entrar a la vida real.

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La ilusión de amor

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Todo comenzó de una manera muy sutil, pero evidente. Intercambiamos un par de sonrisas y yo ya me había propuesto seducirla. Tomé una absurda excusa para que me diera su número y con eso tuve para retirarme ya que iba tarde a una cita.
Tan pronto regrese a casa ella ya me había agregado a facebook (cómo me encontró tan rapido?) y comenzamos a platicar. Yo notaba como ella respondía rápida e interesadamente. Tuve mis dudas sobre si era gay o solo le había caido muy bien, pero seguí con el juego. A los 15 ya teníamos una cita y me emocioné, hace tiempo que no tenía una cita con una chica y yo ya me había propuesto probar su jugoso nectar de amor.

Al día siguiente me puse guapa y me lancé a su departamento. Ella de encargo de dejarme saber que su roomie estaba fuera de la ciudad tan pronto entré,  lo cual me hizo pensar que ella estaba ansiosa de tenerme. Estuvimos platicando un largo rato, bebiendo,  fumando…
Su platica se me hacía de lo más interesante.  Retando mi intelecto y conocimiento de arte. Tome la iniciativa (cómo siempre) y me senté a su lado, asegurándome de que sus piernas rozaran con las mías,  dándole suaves toques en las rodillas, más arriba… Le quitaba su esponjado cabello de la cara. Se lo acomodaba suavemente detrás de su oreja y ella sonreía timidamente. Las dos nos encontrabamos nerviosas pero yo ya estaba segura de que lo quería asi que me fui acercando lentamente a su rostro, cada vez hablandole más bajo, más despacio. Sus labios tocaron los míos y sus manos me tomaron del rostro suavemente. Evite besarla para hacer las cosas más largas e interesantes. Nuestras mejillas se encontraban mientras nuestros rostros se movian ritmicamente, como tratando de encontrar algo dentro de la otra. La textura de su piel era tan suave….

Comencé a tocar sus brazos, su pecho, su cuello… Ella soltó unos gemidos que me hicieron erizar la piel. Me levanté pidiendole que nos fueramos a su cuarto y ella sin dejar de besarme me llevo a nuestro nuevo destino…

Continuará. . .

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