Entre dos hombres

-¡Hola!; Dijo naturalmente al acercarse a la mesa en la que me encontraba con mis amigos.
-¡Hola!; Contestamos todos. Él se me quedo viendo con intriga en su mirada.
-Te me haces muy conocida.
Ambos comenzamos a pelotear lugares, fiestas, instantes en donde pudimos habernos conocido. De pronto vino a mi. Esa noche, como todas las noches que no quiero salir y termino haciéndolo, acabando siempre para mi suerte, con final feliz.
-¿Eres Alex, verdad?
-Sí.
-¿No vives por el rumbo de Santa Ana?
-Sí.
-¿En una casa dónde según vivo el ex-presidente?
-Siiiiiiiii….
Mi mejor amiga y yo nos volteamos a ver instantáneamente sabiendo que lo habíamos decifrado. Aquella noche lluviosa en la que tras bailar cachondamente hasta las 3 de la mañana nos fuimos a su casa para terminar revolcándonos hasta el amanecer. De esos encuentros en donde se notaba que ambos necesitábamos de ese desliz, sin siquiera compartir nuestros números o nombres completos.

Me reí y hasta sonrojé. En una ciudad con millones de habitantes fue a parar en mi mesa, invitado por uno de los amigos de mi amiga un efímero -one night stand-. Sin decifrar más pistas todos en la mesa se rieron y entendieron lo que había pasado. Intercambiamos una tímida mirada y seguimos con la noche.

Su amigo casi celoso me tomó al instante de la mano y me sacó a bailar. Bailaba de una manera indescriptible. Sus caderas y las mías parecían besarse. Girábamos al ritmo de la música mientras nuestros brazos instintivamente se entrelazaban y se volvían a abrir. La punta de su nariz rozaba la mía y la temperatura iba incrementando…

La noche avanzó y las cervezas aumentaron. Mi fugaz amante se acercaba a la pista y la fiesta nos llevó a estar los tres solos mientras nuestros amigos se iban yendo o quedando dormidos en el sillón del bar. Alex me tomó por enfrente de las caderas y me empujó hacia él. Mauricio casi siguiendo el movimiento, recostó su barbilla en mi espalda. Ambos se entre lazaban con mi cuerpo sin temor a tocarse entre ellos. Yo pasé un brazo por el cuello de uno y tomé el cabello del otro arqueando mi espalda y moviendo efusivamente mis caderas que se encontraban cautivas de ambos hombres. Dí la vuelta y ahora mis nalgas se las presté a Alex, quién no dudo ni un segundo en tocarlas y hacerlas suyas. Mauricio me besó. Fue un beso tierno, suave, casi imperceptible, como temeroso de que alguien nos fuera a ver. Sonreí. En eso mi cuerpo giró con la ayuda de de las manos de Alex y me entregó su boca. Fue un beso muy distinto, sin temor, directo y sin frenos y sentí nuevamente su caliente lengua dentro de mi. No pude evitar reír, me encontraba en un profundo éxtasis al estar con estos dos hombres, amigos, tan distintos, tan deseosos de tenerme…

Mantuvimos ese trio cachondo por un buen rato, sin cansarnos de besarnos, sin cansarnos de compartir amor nos mantuvimos juntos y amorosos hasta que llegó la hora de partir. Salí triunfante con un hombre en cada brazo, sonriendo, sintiendo que había ganado esa noche, tras muchas lunas de solo perder…

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Fantasmas cerebrales

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Seguro les ha pasado, esas veces que están medio dormidos y se asustan al no saber por unos segundos donde se encuentran. Puede ser que se hayan mudado de departamento, que estén de viaje, que se hayan puesto una borrachera muy brava o bien se fueron a casa de -alguien- a pasar la noche por primera vez. Siempre he sido fan de ese sentimiento, de esos pequeños, pequeñísimos momentos efímeros en donde tu cerebro está tan confundido, tan desorientado que no sabe ni siquiera dónde se encuentra su propio cuerpo. Debo confesar que me ha pasado lo mismo con personas. Creo que en definitiva pasa por la promiscuidad de ciertas temporadas de mi vida. Recuerdo la primera vez que me paso, estaba dormida abrazando a mi entonces novio con el cuál tenía una relación abierta. Desperté mientras me besaba tiernamente los labios y sentí de pronto que no sabía con quién estaba. No era cuestión de que pasaran por mi mente la lista de nombres de los posibles candidatos a estar conmigo esa noche compartiendo mi cama, era un simple hueco en mi cerebro que no podía recordar absolutamente nada. Me excitó no saber con quién estaba pero me brindo más comfort el saber que era él.

De unos meses para acá me pasa algo parecido pero de cierta forma a la inversa. Entre sueños, pienso y me siento segura de que es él quién me abraza, solo para despertar y darme cuenta que no. Despierto aferrada a una almohada pensando que estoy con alguien, solo para darme cuenta de mi inmensa soledad. Paso mi mano de su ombligo hacia abajo, anhelando encontrarme con su miembro, encontrándome solamente con unos calientes labios…

El fenómeno del fantasma de su recuerdo. Lo conocemos, lo sabemos, lo vivimos. Solo me queda darle una sacudida a mi cerebro y entrar a la vida real.

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Tus caderas y las mías

…presione mis caderas contra las tuyas, como un movimiento natural sin deseos de ir por más, sin embargo la erección de tu miembro me prendió instantáneamente. Te bese suavemente y restregué todo mi cuerpo contra el tuyo, después me recosté a tu lado para masajear tu glande cada vez más rígido y palpitante. Sentí que tus pijamas comenzaban a humedecerse así que te las quite para sentir piel con piel esa fricción tan deseable. Tus caderas comenzaron a moverse de arriba a abajo rápidamente y yo gustosa seguí el ritmo impuesto. Mientras te tomaba con toda mi mano, me encargaba de pasar suavemente mi dedo gordo haciendo círculos por encima de tu cabeza, la cuál seguía humedeciéndose y engordando a cada instante. Podía ver a contraluz tu silueta, la cuál se contoneaba de arriba a abajo, arqueando la espalda. La forma de tu boca abriéndose en éxtasis me hacía mojarme. Comencé a presionar más mi cuerpo contra el tuyo, encargándome de que tu pierna quedara en medio de las mías para mi propio placer. Nos besábamos tiernamente, contraria a la violencia presenciada en nuestros cuerpos. Cuándo menos lo esperaba, sentí tus jugos de amor, deliciosos y calientes sobre mi mano. Respirabas profusamente y no dejabas de contraerte por los deliciosos espasmos que causa el amor. “Me encantas”; dijiste, dándome un cálido beso en los labios.

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Aún no lo mereces

Mientras recogía el departamento me di cuenta que estaba cachonda. Trate de hacer memoria para ver cuántos días llevaba sin masturbarme pero me fue imposible recordar. Quizás dos semanas o más. Un récord personal,  definitivamente. El pensamiento se fue volando y volvió a mi horas después mientras disfrutaba un delicioso mango.   Ya había terminado por las partes más carnosas y me encontraba saboreando el duro hueso de inicio a fin. Lo tomaba con mis dedos sin delicadeza, usaba toda mi boca para comerlo,  saborearlo y quitarle toda la pulpa que pudiera, me sentía como dando el beso más pasional del mundo y recordé aquel ejercicio de actuación en donde nos pedían llevar una fruta y hacerle absolutamente todo menos comerla a pesar de estarle haciendo todo lo contrario.
Aventé el hueso del mango y me chupe los dedos, me desabroche el pantalón y metí mi mano dentro de mis bragas, abriendo las piernas y resbalandome lentamente hacia abajo. Me encontraba sentada en el sillón de la sala y la ventana aún din cortinas revelaba mi secreto.
Comencé a tocarme cómo de costumbre; suave, movimientos circulares, mi otro brazo rodeando mi cuello, mis labios besándolo, mis senos erguidos y erectos, mi mano fuerte. Realmente hace mucho tiempo que no hacía esto de verdad. El gozoso placer incrementaba junto con mi respiración y el cosquilleo era jugueton y glorioso. De pronto comencé a fantasear con aquel miembro delicioso que le encantaba penetrarme. Senti que mis besos eran suyos y que se encontraba ahí,  tocándome,  sintiendome… En eso mi mente me saboteo, torno todo este delicioso placer en culpabilidad y escalofríos y mientras mi vulva se contraia y se mojaba de placer mi mente no me dejo sentirlo, mi mente me dijo; “Aún no, aún no lo mereces…”

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Sexting

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Esa tarde me sentía peculiarmente cachonda. Tenía ganas de masturbarme pero ya no tenía mucho tiempo para ducharme y salir a mi cita. En eso, me mando un mensaje Jorge. El y yo habíamos trabajado juntos un par de veces y mas de una vez nos vimos involucrados en trios. Me preguntaba que estaba haciendo y sin esperar mi respuesta me mando la fotografía de su miembro erecto. Pero que delicia fue verlo. Su tronco grueso, la cabeza inflada y mojada, como se tocaba era sumamente fino y excitante. Me quité la ropa y comencé a mandarle las mías. A la mierda mi cita, llegaré tarde, pensé. 
Le mande una de mis senos, me pidió una de mis piernas y mis nalgas, comenzamos a fantasear con que le practicaba sexo oral y me mando un video donde se masturbaba con más intensidad.  Ver ese video me hizo estremecer. Me metí a la ducha con el video en mente. Me toqué,  mi suave piel resbalaba con el agua y yo solo me podía imaginar su pene frotandose contra mi vagina humeda y caliente.
Termine y nisiquiera nos dijimos adiós.

Tengo que cogérmelo.

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Una noche más con el – Parte I

Tengo el sueño ligero y a veces suelo tener temporadas en donde me despierto súbitamente entre 3 y 5 de la mañana. Anoche fue una de esas noches. El ya me había avisado muy sutilmente que estaba en la ciudad y habíamos intercambiado algunos textos pero nada serio. Me quedé dormida temprano solo para despertar nuevamente a las 3am en punto. Tomé mi celular y ahí seguía un mensaje suyo esperando mi respuesta. Era algo realmente muy bobo, pero le respondí casualmente, sin esperar respuesta a esas horas, aunque dentro de mi sabía que el sufría de la misma ligereza de sueño. Me puse a forjar un porro para conciliar el sueño y obvio; Era el, mi miembro favorito contestando a mi llamado. Ya sabía lo que iba a pasar y a pesar de tener el tema muy alejado a lo que yo quería que pasara esa noche sabía que ya había puesto marcha en ese camino. Tomé el celular para seguir con la charla y en pocas palabras traerlo hacia mi cama. En lo que hacía eso me tomé la libertad e iniciativa de rasurarme las piernas y cambiarme de ropa interior. Bastaron 3 oraciones para tenerlo en mi departamento y lo tomé con mis brazos llevándolo directamente hacia mi cama.

Lo primero que jale hacia mi cuerpo fueron sus labios, suaves, calientes, rítmicos, babosos y tras unas sonrisas traviesas se puso sobre mi, restregándome su miembro, siempre listo, siempre erecto para mi propia alegría. Pase mis dedos por su nuca, apretándolo fuertemente. Ya sin ropa nuestras bocas comenzaron a tener mayor intensidad como me gusta, lenguas alborotadas rozándose contra todo aquello que no es la otra lengua, nuestros labios completamente húmedos brincando encima del otro, resbalándose suavemente simulando la fricción que se sentía por debajo de nuestras piernas. Me tomó de la cintura y lamió mis senos. Yo presionaba su cara sobre mis pechos. Agitados, encendidos y con el mejor ritmo, así fuimos, así somos…

Termine estando encima de el, con nuestros cuerpos sumamente sudados y como mencionaba antes, la textura de nuestros labios llenos de baba junto con el sudor de nuestra piel solamente multiplicaban las sensaciones y el placer. Después de terminar el sonrió, quitándome el cabello de la cara para verme disfrutar del gran placer que su miembro y todo su ser me causaban. Con una sola mano me giro y me puso de perrito, penetrándome salvajemente para ya el terminar. Metió sus dedos en mi boca y yo, tremendamente excitada los tome con mis labios y lengua simulando que era su propio falo el que mamaba.

Terminamos exhaustos, con la respiración realmente agitada y permanecimos inmóviles por varios minutos. Después de incorporarnos el prendió un cigarro y yo prendí el porro que había forjado antes de que el llegara. Ambos cansados, decidimos poner una película para poder dormir aunque, queridos míos, ustedes ya saben que no pudimos dormir y mucho menos ver la película…

(el relato continuará…)

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Nalgas citadinas

Tengo una extraña obsesión. Me encanta ver los culos de la gente, sobretodo cuando estoy abordando el subterráneo o cuando espero a alguien en la calle. Me gusta ver sus formas, unos son voluptuosos, otros caídos, otros salvajemente alborotados. Me gusta ver como se adaptan las distintas texturas de la ropa y obsesivamente recorro cada linea que estas marcan. Disfruto adivinar que traen puesto por debajo y si se sienten cómodos con esa elección. Me eleva soñar donde se han posado esas carnes y si alguien más las espera tener en para disfrutar. Me hipnotiza observar como se mueven mientras suben las escaleras o se posan sobre al asiento. Unas caen suavemente, creando más vueltas a mi cabeza, algunas firmen permanecen inmóviles ante el cambio de gravedad. Me fascina tocar esos enormes y curvos pedazos de carne en mi posición mientras me aferro a un monumento listo para ser saboreado.

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-ninfaaeerotica