Su gloriosa victoria

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Se mostraba nervioso y torpe. Esperé a que apagara la luz para poder hacer mi movida.
Se acostó a un lado mío y nuestros cuerpos instantaneamente comenzaron a acercarse, nuestra respiración se agitó y nuestros labios se unieron.
Mi mente comenzó a soñar y me veía a mi misma montada sobre el, besándolo infinitamente, su miembro tan grande y perfecto tan dentro de mí que me dolía… pero no fue así, sus actos de egoísmo fueron tan barbáricos como el holocausto nuclear.

Me agarró vulgarmente las nalgas y mientras masajeaba esos dos pedazos de carne entre sus manos, sus caderas no bailaban con las mías. Intenté besarlo nuevamente pero sus labios tan fríos, que solo podían soltar pequeños besos como el que le da una madre a su bebé me bajaron la temperatura de 100 a -3. Pensé no estaba suficientemente excitado así que bajé mi mano para darle placer, sobresaltándome al sentir su miembro completamente erecto. Lo tomé como si fuera mío, como si hubiéramos sido amantes desde el inicio de la eternidad. De arriba a abajo lo tomé, haciendo el viejo truco de ir todavía más abajo de lo que la piel permite con dos dedos.
Tres veces subí y bajé, por que las conté, cuando a la tercer bajada sentí como desde dentro el cuello de su pene palpitaba sin parar ese néctar que se espera solo al final del amor… No puede ser…

Su gloriosa victoria se mostraba sin pena encima de su camiseta y su risa incontrolable de placer me causó una furia e incomodidad inexplicable.

Se paró, se cambió de playera y regresó a la cama, intentando penosa y debilmente seguir el cortejo hasta que susurró que estaba muy cansado, casi quedándose dormido instantaneamente después de eso.

Honestamente, gracias pro aquella penosa noche, misma que me hizo entender que no vale la pena un intento de placer, por poner en riesgo una linda amistad.

Algo se quebró.

No te quiero ver más.

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Una tarde con mi ex novio

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Esa tarde llovía.  No tenía ganas de verlo pero tenía ganas de salir a bailar. Lo llamé y a los 10 minutos ya estaba conmigo. Lo llevé a un bar. A el se le ocurrió hacer un chiste machista y decidí actuar como una mujer machista. Lo deje pagar la cuenta,  lo deje pagar la cena, lo deje pagar el hotel…

El estaba deprimido,  se sentía solo. Yo estaba alegre como siempre y quize compartirle mi energía, pero no estaba segura. Me pidió un beso y no se lo quize dar, después me lo robó. Su piel siempre me ha gustado, suave, tan suave que siempre me ha hecho pensar en una mujer. Me tomaba tiernamente de la barba y mejillas.  Los besos se pusieron mas cachondos y se acercó a mi oido susurrandome que nos fueramos a un hotel. Yo accedí y nos fuimos disparados al hotel más cercano. La tarifa cubría hasta las 3:00am, ya saben el tipo de hotel. Mi amante de aquella noche decidió pagar tres veces el precio para que nos dejaran quedarnos hasta la 1pm del dia siguiente. Si que tiene ganas de mi, pensé.  Hace mucho tiempo que no lo hacíamos. El solía ser mi pareja pero su depresión se comió la relación. Después de muchos tragos y reclamos de ex-novios terminamos haciendo el amor de una manera muy pasional, jugetona y ruda. Me mordió el pezón,  lo patie en el hombro, me rocío cerveza en todo mi cuerpo y asi pegajosos seguimos con el juego. Dormimos separados sin abrazarnos, como debe de ser para no confundir al corazón, especialmente el suyo.

En la mañana tenía ganas de hacerlo otra vez pero yo se que su cuerpo no da para más de un palo por noche. Otra de las razones por las cuales nuestra relación termino.

Perdoname querido, es que soy una ninfomana.

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